RETOMANDO LA SENDA DE LA GENERACIÓN DISTRIBUIDA (parte 1)

Es una premisa básica para el desarrollo y funcionamiento de cualquier grupo social la garantía de un suministro energético seguro y suficiente.

Esto suele ser una constante preocupación para los administradores públicos ya que la falta de ese suministro significa graves perturbaciones en todos los órdenes que podamos imaginar.

Por otro lado, desde hace mucho tiempo, se alzan opiniones muy autorizadas advirtiendo que el modelo de desarrollo social que estamos aplicando no es sostenible, ya que nos encontramos con problemas de diferente naturaleza que nos llevan hacia un punto catastrófico de magnitud planetaria.

  • La desigualdad social, no solo dentro de una sociedad concreta, sino la desigualdad entre países.
  • El agotamiento de los recursos naturales por una explotación descontrolada.
  • El deterioro del medioambiente, entre otras cosas por la quema masiva de combustibles fósiles.
  • La generación de residuos tóxicos a un ritmo mucho mayor del que se neutralizan.

En este documento únicamente vamos a tratar una parte de los problemas, pero que puede contribuir de una manera decisiva a la solución.

El sector energético es uno de lo que mayores distorsiones causa al medioambiente. Desde la extracción del petróleo a la generación de electricidad mediante combustibles fósiles, así como en todas las fases del proceso, emite grandes cantidades de CO2.

Además, en España, la dependencia energética alcanza niveles muy altos (en torno al 70% de la energía primaria que consumimos la importamos), ya que no tenemos combustibles fósiles (ni petróleo ni gas natural).

Es una premisa básica para el desarrollo y funcionamiento de cualquier grupo social la garantía de un suministro energético seguro y suficiente.

Esto suele ser una constante preocupación para los administradores públicos ya que la falta de ese suministro significa graves perturbaciones en todos los órdenes que podamos imaginar.

Por otro lado, desde hace mucho tiempo, se alzan opiniones muy autorizadas advirtiendo que el modelo de desarrollo social que estamos aplicando no es sostenible, ya que nos encontramos con problemas de diferente naturaleza que nos llevan hacia un punto catastrófico de magnitud planetaria.

  • La desigualdad social, no solo dentro de una sociedad concreta, sino la desigualdad entre países.
  • El agotamiento de los recursos naturales por una explotación descontrolada.
  • El deterioro del medioambiente, entre otras cosas por la quema masiva de combustibles fósiles.
  • La generación de residuos tóxicos a un ritmo mucho mayor del que se neutralizan.

En este documento únicamente vamos a tratar una parte de los problemas, pero que puede contribuir de una manera decisiva a la solución.

El sector energético es uno de lo que mayores distorsiones causa al medioambiente. Desde la extracción del petróleo a la generación de electricidad mediante combustibles fósiles, así como en todas las fases del proceso, emite grandes cantidades de CO2.

Además, en España, la dependencia energética alcanza niveles muy altos (en torno al 70% de la energía primaria que consumimos la importamos), ya que no tenemos combustibles fósiles (ni petróleo ni gas natural).Sankey

En la figura anterior podemos apreciar el diagrama de Sankey energético de España, donde vemos en la parte izquierda la energía primaria (fuentes de energía), y en la derecha la final dirigida a los tres sectores socioeconómicos.

Vemos que una parte importante de los recursos fósiles se destina a la producción de electricidad, donde observamos que prácticamente la mitad de la energía se pierde para su generación y posterior distribución (ya que la tecnología de centrales térmicas tiene un rendimiento que ronda el 30%, en tecnología convencional y el 50% en centrales de ciclo combinado).

En este mismo diagrama vemos que más de la mitad de la energía eléctrica generada tiene su uso final en el sector de los edificios (residencial y servicios). Es decir, se trata de consumos con una gran dispersión geográfica, de pequeña potencia demandada.

Plantear una generación centralizada de energía eléctrica (grandes centrales de generación) para una demanda de estas características ha provocado que se hayan realizado cuantiosas inversiones en las redes de transporte y distribución que con la tecnología existente hoy día hubiesen sido si no innecesarias si netamente inferiores.

Se trata de desarrollar un concepto opuesto a la generación actual: La generación distribuida, basada en una gran cantidad de pequeños generadores en torno a los principales focos de demanda (núcleos urbanos).

Esta idea no es ni mucho menos nueva, de hecho es lo que se ha estado fomentando (quizá no con todo el buen criterio que se debiera) desde hace más de 20 años, pero que en los últimos cinco o seis, no solo no se fomenta sino que se penalizade cualquier modo, esto va en contra de la directiva 2012 de la UE, según la cual, es necesario eliminar todas las barreras que impidan el autoconsumo, con lo que esto se solucionará mas pronto que tarde.

La tecnología existe. De forma especialmente apta, la tecnología fotovoltaica puede ser el paradigma de generación distribuida, ya que existe una gran cantidad de cubiertas de edificios y naves industriales que son un lugar ideal para instalar estos sistemas.

Los costes son tan asumibles dentro de la construcción o rehabilitación de un edificio que no sería descabellado (sería incluso conveniente) primar la instalación de un mínimo de energía solar fotovoltaica (como lo es en el caso de la térmica) en estos casos.

Concretamente, hoy día, una instalación de 1 Kwp con tecnología fotovoltaica, conectada a red (es decir, evitamos las baterías de acumulación y las regulaciones pertinentes para ello) tiene un coste inferior a los 2000 €, y es capaz de generar en torno a los 1500 kWh/año de energía eléctrica con unos costes de mantenimiento realmente bajos.

En los contratos usuales de electricidad, en el sector doméstico, el precio ronda en torno a 0,17 €/kWh. En consecuencia, el ahorro que supone la instalación de 1kWp es de 233 €/año y se amortiza, considerando un incremento del precio de la electricidad del 5% anual, en menos de 8 años, y el TIR (tasa interna de retorno) de la vida útil de la instalación (25 años) es del 14%.

Puede concluirse que tiene una rentabilidad interesante.